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Prebióticos, probióticos y simbióticos: aplicaciones clínicas según la OMGE

Por Victoria Pérez | Salud Natural

Oct 13
Prebióticos, probióticos y simbióticos

Prebióticos, probióticos y simbióticos

Últimamente se habla más que nunca de los prebióticos y probióticos, especialmente porque cada vez son más frecuentes los desajustes de la microbiota. 

Estos desajustes tienen un impacto directo y significativo en nuestro bienestar, y aunque con Naturopatía podemos cuidar la flora intestinal con diferentes terapias (como con oligoterapia o Flores de Bach), hoy vamos a centrarnos en los prebióticos, probióticos y simbióticos.

La importancia de la microbiota en nuestra salud 

Los humanos somos portadores de muchos microorganismos distintos, aunque hasta hace bien poco habían sido tratados con bastante indiferencia. 

Sin embargo, en los últimos años y gracias a las nuevas técnicas de secuenciación masiva, hemos comenzado a saber que para el desarrollo y mantenimiento de la salud necesitamos de nuestros microbios. 

La composición de microbios depende de cada persona, aunque de media se estima que en un cuerpo sano habitan más de 10.000 especies bacterianas diferentes, de las que menos del 1% son potenciales patógenos. 

Cuando comparamos la microbiota en distintas zonas del cuerpo, observamos que las bacterias de cada parte son muy diferentes. La mayor diversidad microbiana la encontramos en el tracto intestinal y en la boca, la piel tiene una diversidad media y donde menos tipos distintos de bacterias hay es en la vagina.

La microbiota cambia con la edad, y su composición va a depender de muchos factores, como:

  • De cómo hayamos nacido (parto natural o cesárea).
  • De la dieta que tuvimos cuando éramos bebés.
  • Del uso de antibióticos cuando éramos pequeños.
  • Del ambiente en el que crecimos e incluso de los que vivían con nosotros o de si tuvimos mascotas.
  • De si somos hombres o mujeres. 
  • Interacción con otros individuos. 
  • Etc.
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Funciones de la microbiota 

La microbiota puede influir en cómo somos. Cada vez es más evidente que su papel va más allá del nutricional y de defensa contra los patógenos. 

Los microbios intestinales degradan sales biliares, proteínas y polisacáridos, producen vitaminas, cofactores y ácidos grasos de cadena corta y pueden degradar toxinas y drogas.

Por otra parte, la microbiota puede evitar la colonización de microorganismos patógenos, mantiene las barreras intestinales, refuerza las uniones entre las células epiteliales y contribuye a la producción de mucina.

Pero la microbiota también influye en las funciones cerebrales que determinan la personalidad y el conocimiento humano, y en la secuencia de nuestro genoma que guía de forma única nuestro fenotipo. 

Desde un punto de vista exclusivamente biológico, podríamos decir que cada uno es como es por el sistema inmune, el cerebro y el genoma. Pues nuestra microbiota puede influir a esos tres niveles, y puede por tanto influir en cómo somos.

La influencia de la dieta 

La idea de que nuestra dieta tiene un impacto sobre nuestra salud y que nuestra salud comienza en nuestro intestino no es nueva.

¿Acaso no sugirió Hipócrates, el padre de la medicina, que “todas las enfermedades comienzan en el intestino”?

Una dieta variada y natural constituye nuestra “medicina básica”. Estudios recientes han demostrado que nuestra dieta actual, rica en azúcares (exceso de hidratos de carbono simples) y procesados, modifica la microbiota intestinal, lo cual podría explicar el desarrollo concomitante de diabetes tipo 2, obesidad y enfermedades intestinales inflamatorias.

A fin de que la microbiota intestinal pueda preservar la salud humana, los científicos recomiendan una alimentación rica en carbohidratos considerados “fácilmente accesibles para nuestra microbiota”, que abundan sobre todo en las verduras o los frutos secos, así como en alimentos fermentados y un menor consumo de productos procesados.

En este sentido, los prebióticos, fibra, probióticos y alimentos fermentados nos ofrecen la posibilidad de mantener una microbiota intestinal sana, preservando su capacidad de resiliencia.

Prebióticos 

Un prebiótico es un alimento para las bacterias beneficiosas que albergamos en nuestro intestino.

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Se encuentran naturalmente presentes, aunque en pequeñas proporciones, en ciertas verduras (cebolla, ajo, plátanos, col, kale, raíz de achicoria y tupinambo) y en los cereales

integrales. Asimismo pueden añadirse a ciertos alimentos como yogures, fórmulas infantiles, cereales, pan e incluso bebidas.

Probióticos 

Los probióticos son microorganismos vivos beneficiosos para la salud. Se encuentran generalmente en los yogures y ciertos alimentos fermentados y también existen en forma de complementos alimenticios.

Simbióticos 

Los simbióticos son productos que incorporan conjuntamente probióticos y prebióticos. La intención es que al llegar al intestino los probióticos lo hagan acompañados de  los prebióticos que ayuden a su crecimiento y colonización.

Los simbióticos ayudan a la integración del probiótico en el organismo, ya que aumentan su vida útil y  además otorgan un sustrato específico para la microbiota residente.

Más recientemente, aparecía el término “paraprobiótico” para designar los probióticos inactivos (es decir, bacterias muertas) como los componentes de la pared celular que pueden tener efectos beneficiosos para la salud del huésped.

Todo esto hace que los probióticos nos ayuden a mantener la salud ya que pueden:

  • Interactuar con las células inmunitarias que tapizan el tubo digestivo.
  • Ayudar a la microbiota intestinal a resistir ante el desarrollo de bacterias nocivas.
  • Producir ácidos grasos de cadena corta que a su vez ejercen un efecto beneficioso local o sistémico (es decir a escala del cuerpo humano).
  • Aliviar los trastornos intestinales (diarrea, estreñimiento o hinchazón)
  • Reducir los trastornos asociados a una mala digestión de la lactosa.
  • Disminuir los trastornos del síndrome del colon irritable.
  • Limitar los efectos secundarios del tratamiento para la eliminación de la bacteria helicobacter pylori.
  • Disminuir las infecciones respiratorias, intestinales, vaginales y de las vías urinarias equilibrando la microbiota intestinal tras la toma de antibióticos, antiácidos, medicamentos antidiabéticos, antiinflamatorios no esteroides y antipsicóticos.
  • Aliviar los cólicos del recién nacido alimentado con leche materna.
  • Reforzar el sistema inmunitario.
  • Ayudar a reducir los problemas psicológicos (ansiedad y depresión, por ejemplo) tal y como lo han sugerido ciertas investigaciones que aún deben ser confirmadas.
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Eso sí, hay que tener en cuenta que no todos los probióticos son iguales ya que no actúan de la misma manera y no procuran los mismos beneficios. 

Aplicaciones clínicas según las guías de la OMGE (Organización Mundial de Gastroenterología)

Diarrea 

Se ha probado que varias cepas probióticas que sirven para reducir la severidad y duración de la diarrea infecciosa.

Hepatoencefalopatía

Los prebióticos son usados comúnmente para la prevención y el tratamiento esta complicación de la cirrosis. 

Se ha logrado revertir la encefalopatía hepática mínima en 50% de los pacientes tratados con un preparado simbiótico durante 30 días.

Respuesta inmune

Existe evidencia que varias cepas probióticas y la oligofructosa prebiótica sirven para reforzar la respuesta inmune.

Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII)

Para el Síndrome del inestino irritable, se ha encontrado en los estudios publicados una reducción de la distensión abdominal y de la flatulencia como resultado de los tratamientos con probióticos; además algunas cepas pueden mejorar el dolor y dar alivio general.

También mejoran la digestión de la lactosa y reducen los síntomas.

Y por último, la suplementación con probióticos reduce el riesgo de enterocolitis necrotizante en recién nacidos prematuros de menos de 33 semanas. Es decir, hay evidencias sólidas que respaldan el uso de ciertas cepas probióticas en lactantes pretérmino.

Cáncer de colon

El estudio SYNCAN evaluó el efecto de la oligofructosa más dos cepas probióticas en pacientes en riesgo de presentar cáncer de colon. 

Los resultados del estudio sugieren que una preparación simbiótica puede disminuir la expresión de biomarcadores para cáncer colorrectal.

En definitiva, tener una flora intestinal equilibrada es esencial y sabiendo que su composición puede ser modificada, es importante tener en cuenta el papel que ocupan los prebióticos, probióticos y simbióticos. 

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La suplementación siempre ha de ser pautada por un profesional de la salud natural. Si quieres ser uno de ellos y formarte como Naturópata para ayudar a otros a preservar y mejorar su salud, puedes hacerlo con el Grado de Naturopatía de la Escuela Planeta Vital. 

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Sobre el autor

Soy Victoria Pérez y trabajo con estudiantes y profesionales de las terapias naturales y la gestión emocional para completar su formación y acompañarles mientras construyen su sueño de tener una consulta viva, rentable y a su estilo.

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